jueves, 17 de marzo de 2011

El amor, el miedo y lo social

Con semejante título lo que quiero transmitir se me antoja un tema dantesco, pero allá va el intento.

Hoy ha venido una psicóloga a darnos una charla en teoría del consumo sobre cómo recoger la opinión de los consumidores. Ha profundizado sobre todo en la técnica de la entrevista en profundidad, dando algunos datos que para mí han sido significativos, véase:

- Que hay que buscar las razones del usuario sin preguntar directamente por qué, ya que esto implica un proceso de repensar en el que el entrevistado se siente puesto a examen. No hace sino optar por una postura que hace alarde del raciocinio, mostrando un perfil artificial (poco útil para los objetivos normales de estas entrevistas).

- Que existe un modelo que divide a la persona en 3 capas. La primera sería la social, la políticamente correcta, la que apela al raciocinio y lo artificial según lo anterior. Existe una segunda capa que cuenta con el 'yo' de la persona, sus opiniones, y una tercera 'inconsciente' que remite a las conductas automatizadas. Por lo general es difícil que el usuario revele información más allá de su primera capa, pero es mucho más interesante todo lo que tiene que contar una vez traspasada ésta ya que, en el contexto, comenta sus opiniones, cómo se siente acerca de lo cuestionado.

- Que cuanto más joven es el entrevistado menos influenciable es. Esto implica tener que medir mucho más las palabras y pautas para entrevistar a un adulto que a un niño que, como explicaba la ponente, al no ser tan consciente del componente social, al no tener íntegramente interiorizadas ciertas pautas de socialización, son menos moldeables -más accesibles, por tanto, a las capas interiores.

Esto es psicología aplicada a técnicas cualitativas de recogida de información para estudios investigacionales. Y cuando conocemos a una persona, ¿qué es lo que ocurre?

Desde mi punto de vista, las relaciones interpersonales pueden simplificarse en las fuerzas opuestas del amor y el miedo. Resulta evidente que cuanto mayor recorrido en la vida, más ocasiones habremos tenido de experimentar tanto una como otra, además seguramente de manera cíclica: un amorío, un miedo al contacto, y así sucesivamente.

Y lo que me resulta triste es que cada vez la capa social parezca volverse más robusta, más impenetrable. Como si cada vez se encontraran más trabas para conocer y entablar (de verdad y no en una discoteca a las 6 de la mañana con gran porcentaje etílico en sangre), una relación con alguien.

Creo que hubo quien me dijo que mi generación y las venideras tienen un trauma con la cercanía porque no es un valor en el que se nos haya educado. Y yo digo, 'vaya, hagamos algo por solucionarlo', pero o me doy de bruces contra muros de personas, o me cuesta la vida comunicarlo, o qué se yo que yo que sé, que estoy como barco a la deriva.

~

Antes todo era natural, ahora las cosas parecen ser más duras.
No podemos volver a esos tiempos pero,...
podemos ser conscientes, podemos.

Decir adiós al miedo.

~

4 comentarios:

Pgcgc dijo...

Me ha encantao la entrada.
Te había escrito una super mega teoría, pero creo que voy a pasar.
Echo un monton de menos este tipo de conversaciones con vos, y espero tener pronto la posibilidad de tenerlas.

¡un abrazo!

Pgcgc dijo...

Ah por cierto, te hago SPAM de mi blog por si quieres echarle un vistazo.
http://pgcgc.wordpress.com
un beso mrs garcia

Anónimo dijo...

Profundo e interesante comentario. Si te sirve de consuelo te diré que no se trata de un problema generacional, sino educacional, porque es una transmisión genética desde el principio de nuestro linaje, probablemente desde que se organizó el patriarcado.
Es paradójico estar rodeados de gente, todos con nuestras rarezas particulares, con nuestra intensa vida interna, nuestros temores y nuestros sueños, deseososs de compartir y de contacto real, y que sin embargo sea tan dificultoso el que se produzca esa comunicación y ese contacto del que tan acertadamente hablas. Si se produjera ese milagro de cercanía, nos daríamos cuenta de que no estamos solos, de que en definitiva, la inmesa mayoría tenemos esa misma necesidad de trascendencia y fraternidad cuya ausencia tantas veces nos asola. Como bien dices, podemos. Podemos. Poniendo a raya algunos de los principales miedos: el ridículo, el rechazo, el qué pensarán o qué dirán, y acercándonos cada vez más a la canción que nace de las almas de tantas naves a la deriva como somos. Gracias por transmitir una de las principales penas que afligen a gran parte de la humanidad.

alicia dijo...

pablo! ya caerá un té hasta la madrugada, y vos y yo divagando acerca de la vida y demases. te agrego a la lista de blogs, SPAMMER, jajaja

muchas gracias, 'anónimo', por explicitar esa segunda parte que me hubiera gustado exponer, completando así la entrada. ahora falta comprobar si el mensaje llega, que eso espero!