miércoles, 24 de febrero de 2010

Ni mañana ni pasado

-procrastinando el trabajo de investigación se me ocurrió que-

Ni mañana ni pasado tengo clase. Ni mañana ni pasado tendré pasta para irme todo lo lejos que quisiera.

Ni mañana ni en un futuro relativamente próximo.

~

Escribí eso en la brevedad inherente a twitter. Pero tal como mi estado se actualizaba, me di cuenta del peso de esas pocas palabras, del palpitante pesimismo que irradia la reiteración en las conjunciones negativas, o el deseo por desaparecer que se desprende de la inexactitud del complemento de lugar (cuando de modo simplificado significa que no he encontrado un destino concreto).

¿Cómo, de qué manera un enunciado que trata superficialmente una situación económica algo ajustada y su consecuente encorsetamiento explorador, cómo puede connotar tanto?

Asimilé entonces la aspereza que me ha maquillado la cara de un tiempo a esta parte, el tiempo que hace que no me doy tiempo por dármelo de forma gratuita, e incluso encontrar placer en agotarlo si hiciera falta -que cosquilleen las arenas del reloj por las yemas de los dedos.

Todo ello deviene en cierta patología del que se ha olvidado de su propio valor y, al creerse desdichado, causa grave daño a su persona y su entorno. Dolencia, por otra parte, de la que creo intuir la solución: arrumacos combinados con cambio de perspectiva -y suena simple, ¿no?

Claro que yo espero que esto sólo sean frustraciones victimistas exhacerbadas porque parece que me he acostumbrado a la lluvia y ahora me resulta molesto el sol. La luz tiene esos resultados cuando uno se acostumbra a que el cielo, fuente de ésta, esté con el ceño fruncido.

Sólo eso, espero.

3 comentarios:

Masles dijo...

Me recuerdas a Nevem un poco en el estilo =D

Masles dijo...

Y te recomiendo pillar un piano, el que sea, incluso si es uno de esos rancios Casio para niños, y aporrearlo. Relaja que no veas usar un medio de comunicación automático (la escritura se tarda en hacer, la música no, va saliendo automáticamente según pulsas).

Julio González dijo...

Yo te invitaría a un café. Conozco un sitio que ponen palomitas, un sitio que está muy bien porque se está de puta madre dentro, pero se intuye una gran aventura fuera. Un bar del que sales con ganas. Es importante esto.

Y otros lugares, claro. Solo que no se como invitarte